Reflexiones sobre la Renta Básica

Publicado por o día 06/08/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Reflexiones sobre la Renta Básica

Las ventajas de una renta básica universal son para cualquiera que se haya molestado en profundizar en el modelo, bastante obvias a priori: aumentar la capacidad de negociación del trabajador, terminar con el trabajo invisible doméstico y reproductivo no remunerado, acabar con el apabullante 20% de población que vive bajo el umbral de la pobreza.

Las dos reticencias más habituales, cómo se financiaría y si sería también para los que “no la necesitan” puede explicarse al menos remotamente con la teoría de la reforma fiscal: elevando la presión a los mínimos europeos y persiguiendo las corruptelas millonarias  que cuestan al país al año unos números espeluznantes: a la vez, si cogemos todas las ayudas mínimas enmarañadas por ejemplo, de Andalucía, y redistribuimos lo que cuestan al año nos encontramos con que los números por lo menos, empiezan a parecer posibles, dejando claro que no se trata de multiplicar los 47 millones de habitantes por 600 euros sino que se parte de un mecanismo mucho más complejo en el que las personas que más ganan, más pagan por esta renta, haciendo que el que cobre 0 la reciba íntegra y el que cobre 3000 tenga que aportar más, conque perjudica, claramente a las clases más pudientes y no al contrario, puesto que no se trata de entregarle a las familias millonarias un subsidio sin contraprestación ni mucho menos. Igualmente al aumentar el disponible familiar se incentiva el consumo y en el modelo que ahora mismo nos encontramos la caída del mismo es uno de los grandes caballos de batalla a evitar. Fin de los contratos precarios, fin de los negocios cerrados por falta de clientela. Fin de rogarle al albergue que nos deje permanecer allí más de diez días.

Superadas esas dos cuestiones, para mi sigue siendo una Quimera.

Por un problema claramente ideológico.

En una sociedad donde la educación individualista y cruel hasta la náusea campa a sus anchas, el hacer un cambio del modelo trabajo-salario como instrumento de reconocimiento social tan abrupto hacia uno de existencia garantizada, desencadenaría sin lugar a dudas en una enorme fractura social.

En una ciudad donde la gente protesta porque otros cobran una ayuda mínima para comer porque no se fían de que en realidad no puedan, no se puede instaurar de repente un modelo neokeynesiano tan complejo e interpretable porque simplemente, mucha gente ni lo entiende ni lo desea. Hay que asumir que vivimos en un modelo capitalista donde una gran mayoría de la población prefiere este sistema tal como está. Nos empeñamos en pensar que no, que todos en el fondo conocen las implicaciones de este monstruo esclavista pero este pensamiento es residual. Para hacer un salto de modelo tan importante habría que empezar por los cimientos y no por el tejado, igual que cuando introducimos peces nuevos en un acuario.

Con educación, empatía, creando comunidad, consiguiendo que nos importemos algo los unos a los otros y que las personas dejen de obviar la corrupción del que sostiene el látigo pero señale inmediatamente a cualquier igual al que cree privilegiado. Peleando contra que la libertad, como dicen los anarquistas sea solo una suerte de recoveco que deja vacío el poder; esas rendijas por las que introducirse. No estamos preparados para entender como país que las estructuras, el modelo económico, se ha quedado obsoleto y que hay que dinamitarlo. Hay que hacer un trabajo titánico de concienciación antes de darle a la gente el arma fácil para una fractura social definitiva.

En esta tesitura es más realista y acorde con el modelo de civilización que tristemente hemos instaurado que se empiece por adecuar las rentas de inclusión a unos umbrales dignos, asimilándolas al salario mínimo en todas las comunidades, y mantener el rasgo condicional, pero flexibilizándolo enormemente:

por ejemplo en Galicia, se podría trabajar a partir del actual modelo de Renta de Inclusión, pero desde luego limando todos sus defectos: como que sólo sea una por unidad de convivencia, lo cual obliga a compañeros de piso a responder de las entradas de dinero del otro; que se excluyan en personas que tengan ascendentes vivos con posibilidad de alimentarlos: puesto que hoy en día que un abuelo tenga una pensión no quiere decir que sus nietos podamos o debamos vivir de ésta ya que puede tenerla comprometida en otras deudas, sus propios gastos vitales o simplemente por dignidad no se puede obligar a esa persona a tu manutención eterna; los importes tan exiguos que cifran en 400 euros para una persona independiente, cuando es por todos sabido que con esa cantidad es inviable más que sobrevivir, etc.

Hay que tener en cuenta que incluso esta renta tan defectuosa e insuficiente es criticada, y los que la perciben tildados de “subvencionados”. ¿Y queremos un cambio de modelo? Al menos en diez lustros, no se dará en España. Porque mucha gente se ha atado a los pies de su amo: no hay sistema que resista un rechazo social mayoritario; acaba cayendo, como sucedió en tantos países.

Si el nuestro no cae es porque no pocos lo atesoran. La lucha es esa, no los gráficos o que cuadren las cuentas. Para salir hay que querer.

OPINIÓN POR CARLA LEIRAS