Romper una lanza por la CUP

Publicado por o día 11/01/2016 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

Romper una lanza por la CUP

Desde que ayer se anunciase el acuerdo entre Junts pel Si y la CUP para investir President de la Generalitat a Puigdemont, no han cesado los comentarios críticos hacia la decisión tomada por la formación asamblearia, especialmente desde fuera de Catalunya.

A los ojos de mucha gente, la CUP ha optado por priorizar la cuestión nacional a la opción social. Quienes defienden esta posición argumentan que la CUP tenía la opción de forzar la repetición de elecciones, en las que se podría crear un gran frente En Comú Podem + CUP (e incluso sumar a ERC) que convirtiese a Ada Colau en Presidenta de la Generalitat.

Esta hipótesis tendría consecuencias directas a nivel estatal. La fundamental sería la imposibilidad de agitar el miedo a la independencia unilateral de Cataluña, impidiendo al PSOE entrar en una Gran Coalición, o al menos impedírselo sin que ello supusiese un suicidio político. Esta opción podría forzar la repetición de elecciones también en España, donde Podemos y sus aliados llegarían con el torrente de fuerza que generaría ganar las catalanas y podrían superar al PSOE para colocarse en segunda posición. Esto permitiría un gobierno de Podemos que, previsiblemente, facilitaría una consulta en Catalunya.

Si esta hipótesis parece tan plausible, ¿por qué no han optado por ella los dirigentes de la CUP? La respuesta es muy sencilla: porque no es tan plausible.

Sí, probablemente una repetición de elecciones colocaría a Ada Colau como candidata más votada. Pero podría repetirse la situación actual: una gran coalición electoral que se quedase a las puertas de la mayoría, necesitando apoyo para ser investida. En esta hipótesis, el resto de fuerzas parlamentarias catalanas serían CDC, PP, PSC Y C´s. No parece que ninguna fuese a apoyar tal investidura, la primera, porque fácilmente podría justificar su negativa a un “procés dirigido desde Madrid” y las otras tres por negación del derecho de autodeterminación.

Pero aún en el supuesto de que Colau fuese Presidenta, sería necesaria una victoria en las generales para poder modificar la Constitución y celebrar una consulta pactada. Sí, todo señala que una repetición de elecciones mejoraría los resultados de Podemos y aliados, pero también mejoraría los del PP, recuperando buena parte del voto fugado a Ciudadanos.

¿Qué significaría esto? Que aún en el supuesto de que el PSOE aceptase una consulta pactada (y estamos hablando de mucho, pero que mucho suponer), el PP mantendría el control del Senado. El Senado se elige asignando cuatro senadores a cada circunscripción (con peculiaridades en las circunscripciones insulares, Ceuta y Melilla), de los cuales 3 siempre son para la fuerza más votada y 1 para la segunda. O sea, que el PP seguiría manteniendo su mayoría en el Senado, imposibilitando cualquier reforma constitucional que no sea de su gusto. El Procés se encontraría con un laberinto sin salida si decidiese transitar por la vía de la consulta pactada.

¿Significa lo dicho en el párrafo anterior que me guste la decisión de la CUP? No, ni mucho menos. En una muestra de que la historia es diabólica, el proceso de independencia catalán tiene muchos paralelismos con tiempos pasados de la historia española: una figura omnipresente que, resignándose a aceptar que se agota su tiempo, nombra a su heredero para que cambie lo que haya que cambiar, pero preserve en la medida de lo posible su obra.

Mientras, una izquierda capaz de impedir la continuación de lo anterior, pero sin fuerza para llevar adelante su proyecto, se ve resignada a aceptar al sucesor e iniciar una guerra de trincheras para ver hasta dónde le puede arrancar mejoras concretas al “nuevo-viejo” régimen.

¿Podía haber hecho algo mejor la CUP? Pues si el objetivo prioritario es la independencia, probablemente no, aunque nada les garantiza que la vía tomada desemboque irremediablemente en ella. El supuesto más plausible ahora mismo es que dentro de 18 meses el Gobierno de Gran Coalición en España suspenda la autonomía a Catalunya si sigue adelante con el proceso unilateral. Si pasa esto, la CUP habrá logrado de facto la independencia de Catalunya, que tardará 20-25 años en materializarse, pero será irremediable. Una opción nada grata, pero una opción al fin y al cabo.

Desde la izquierda española muchas voces acusarán a la CUP de haber priorizado la cuestión nacional a la cuestión social. Una postura muy cómoda, en la que encajan perfectamente toda una serie de mantras de quienes reconocen el derecho de autodeterminación mientras no se use: “todos los nacionalismos son de derechas”, “los independentismos sólo dividen a la clase trabajadora”, etc.

Lo dicho, una posición muy cómoda. Quien piense esto debería preguntarse por qué una formación como la CUP, con décadas de trabajo detrás, con una base sólida e implantada en barrios y municipios, que se declara abiertamente anticapitalista, ve más factible una mejora de las condiciones materiales de vida del pueblo catalán a través de un pacto con sus élites que a través de una alianza con los sectores progresistas españoles.

¿No será que esos sectores progresistas jamás se han esforzado en entender de verdad qué supone la plurinacionalidad de España? ¿No será que la izquierda catalana se ha aburrido de oír cómo se hablaba de la relación de Catalunya con el resto del Estado como “problema”? ¿No será que han acabado hasta las narices de escuchar “sí, pero” a las organizaciones de izquierda españolas cuando se les preguntaba sobre el derecho a decidir? Finalmente, ante la situación de nueva victoria del PP en las generales, y con un Secretario General del PSOE que afirma sin tapujos “parecerse más a Manuel Valls que a Jeremy Corbin”, la CUP ha decidido que es más fácil aliarse con su oligarquía para luego pelearse a solas con ella que pelear en el tablero de juego español. Sin compartirlo, lo entiendo.

Insisto, no me agrada el camino tomado por la CUP. De ser catalán, me hubiera gustado que la CUP apostase por la posibilidad de hacer Presidenta a Ada. Pero reconozco que esa vía ni mucho menos aseguraba la realización de una consulta vinculante. Exactamente igual que no se lo asegura el que han tomado. Pero la trayectoria de la CUP me merece todo el respeto, y si esta es su decisión, no dudo que es la que más útil han considerado para mejorar la vida de la gente de Catalunya.

Sólo el tiempo nos dirá si han acertado o no, pero aunque se equivocaran, no considero que se les pueda reprochar nada: se han lanzado a una odisea con los mayores mecanismos democráticos internos nunca vistos en este Estado, han jugado todo lo fuerte que han podido, y el resultado es que si bien han tenido que tragarse al delfín de Mas, le han puesto en jaque a obligándole a aprobar un Plan de Choque para combatir la situación social, y han iniciado un proceso de 18 meses para declarar la independencia. Han cumplido lo prometido, en definitiva.

Desde luego, dentro de la CUP vienen meses de mucho análisis y reflexión para evaluar estas negociaciones. Pero quien de verdad debe reflexionar tras lo ocurrido ayer, es ese espacio político que se autoidentifica como izquierda española (especialmente PSOE e IU). Insisto en la pregunta: ¿Qué han hecho en las últimas décadas para que la izquierda catalana prefiera pactar con su derecha que con ellos?

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ