Rueda destaca el ejemplo de Luísa Villalta en el uso del gallego como elemento de unión en la sociedad

Me siento muy cómodo porque el de las Letras Galegas fue el primer acto que tuve la honra de celebrar como presidente de la Xunta de Galicia, hace dos años, allí en Valdeorras, festejando, en aquel momento, a Florencio Delgado Gurriarán.

Y, por lo tanto, como creo que hoy tenemos muchas cosas que celebrar y reivindicar, estoy francamente contento de estar aquí. Hoy estamos en un día festivo en Galicia, y festivo por muchísimas razones.

Señora alcaldesa, señor presidente del Parlamento de Galicia, señora presidenta de la Real Academia Galega, académicos y académicas, que después celebrarán una Sesión Solemne y simbólica, como decía Victor Freixanes, continuación de este acto institucional de la Xunta de Galicia.

Señor delegado del Gobierno en Galicia, General Jefe de zona de la Guardia Civil de Galicia, secretario del Parlamento, conselleiros y conselleiras del Gobierno gallego, presidenta del Consello da Cultura Galega, Valedora do Pobo, y demás autoridades que están hoy aquí arropando y dándole solemnidad y dignidad a esta celebración.

Y, sobre todo, a la familia de Luísa Villalta, muchísimas gracias. Supongo que tendrán una mezcla de sentimientos. Tiene su complejidad y su parte íntima recordar a Luísa, pero también estoy seguro de que es muchísimo orgullo de que hoy aquí, en su ciudad, sea recordada y sea la elegida por la Academia para recordar lo que significó, significa y significará para siempre su figura y su obra en nuestra cultura y en nuestra lengua.

Nuestro idioma es el hogar de todos los gallegos. Un hogar amplio, acogedor, que no pertenece a nadie, o más bien, pertenece a todas y a todos, a todo un pueblo que lo ama, lo defiende y lo cultiva.

La Galicia democrática de hoy recibió esta casa común de nuestro idioma y de nuestra cultura como legado, y con la misión, el encargo y el deber de hacerla aun más grande. Para eso había que conciliar la libertad inherente la cualquier persona que vive en un país libre, con el necesario impulso a una lengua que durante mucho tiempo, como recordaba Víctor Freixanes, fue injustamente postergada.

Galicia eligió, por lo tanto, su propio modelo para hacer de nuestra lengua algo vivo, algo propio, nuestra identidad, dinámica y con futuro. La lengua gallega es hoy sinónimo de comunicación amable entre los gallegos. Las lenguas son para comunicarse. No para evocar ningún conflicto o reyerta, como pienso que no lo hace nuestro idioma. Si no para ser un nexo que nos une y nos permite expresar sentimientos, nuestros sentimientos.

No es patrimonio de nadie, o como decía antes, es patrimonio de todos y de todas. Es un idioma apto para expresar todos los pensamientos, ideas, circunstancias, todo lo que explica la evolución de cada generación.

Con las mismas “letras galegas” podemos construir “Galicias” diferentes que se enriquecen entre ellas y construyen entre todas el común que disfrutamos. En esta fiesta mayor de la lengua, que hoy conmemoramos, sería igual de errónea una excesiva complacencia, queda mucho por hacer, como un diagnóstico que estuviese sólo cargado de malos augurios.

A eso responde también la creación de una Consellería que lleva en su nombre y, sobre todo, en sus tareas y en sus deberes, la necesidad de seguir fomentando, reivindicando, enriqueciendo y dándole a nuestra lengua, y hoy está aquí el conselleiro, que debuta en esta celebración.

El camino emprendido para engrandecer nuestro idioma aún tiene etapas por delante, muchas etapas por delante. Quedan por superar muchos desafíos, algunos que conocemos y otros que están por venir y también por conocer y, espero que por superar. Ya sabemos que la fórmula idónea es el respeto a las diferentes sensibilidades.

Queda, en efecto, mucho trabajo por hacer, pero al mismo tiempo es difícil negar que nuestro idioma, nuestra cultura, vive una nueva primavera. Un idioma que durante siglos tuvo que resistir en invierno más crudo, ahora avanza gracias a una doble voluntad, la voluntad de todas las instituciones por encima de ideologías y de colores políticos pero, sobre todo, la voluntad y el convencimiento social.

Un idioma que vivió a la intemperie durante más tiempo del debido, hoy disfruta de la protección del sistema democrático y del autogobierno, del Estatuto de Autonomía, de la Constitución, y de los deberes que aparecen perfectamente reflejadas respeto de su defensa y de su fomento.

Todo esto hay que hacerlo entre todos y contra nadie. Evitando métodos ajenos a nuestra sensibilidad, sabiendo cuál es la realidad lingüística de nuestra tierra, en la que conviven dos idiomas oficiales, con el deber de fomentar nuestro idioma. Idiomas que no tienen que ser enemigos porque ambos forman parte de la Galicia común, y el idioma gallego parte fundamental de nuestra identidad.

Esa realidad lingüística sobre la que hay que actuar ofrece hoy un panorama plural. Ese bilingüismo en el que las lenguas no pueden estar alejadas por muros. Todo lo contrario. En el que los gallegos pueden transitar de una a otra lengua, muchas veces de manera inconsciente, y siempre con plena libertad.

Por lo tanto, de esa relación armónica que se da entre nosotros, se tiene que recordar especialmente un día como hoy, un 17 de mayo. Pensar que los gallegos consideramos la lengua gallega como algo nuestro, muy nuestro, que hay que defender y que no hay que considerar, en ningún caso, como algo superfluo, complementario o circunstancial.

Galicia disfruta de un gran consenso sobre la defensa de nuestro idioma. Ese consenso permitió superar muchas “largas noches de piedra” de épocas anteriores. Ahora hay que unirse para hacerlo resurgir, con orgullo, con convencimiento.

Romper ese consenso sería tanto como imitar modelos foráneos que ya mostraron su ineficacia, es un error que no debemos cometer. La fuerza de nuestra lengua reside en nuestro pueblo. Sin pueblo no hay una lengua con futuro. Sin lengua de por sí, nuestro pueblo se vería privado de una parte esencial de nuestra identidad.

Por eso la importancia de que la comunidad que formamos todos los gallegos siga conservando nuestro idioma propio como un punto de encuentro. Compartimos la lengua gallega y compartimos a los creadores que hicieron de ella un instrumento con el que expresar sentimientos que nunca van a ser perecederos.

Es el caso de nuestra homenajeada de hoy, de Luísa Villalta. Creadora es la denominación más apropiada para quien cultivó, desde esta ciudad en la que estamos, con maestría varios géneros literarios, sin olvidar nunca su vocación musical, y ese violín está aquí para recordarlo y para simbolizarlo.

Luísa fue ese “violín” solista de nuestras letras, montón de “emoción y ambición expresiva”, por citar una referencia hecha sobre ella por el presidente de la Real Academia Galega.

Luísa Villalta resume en sí misma una generación de escritores, de autores, que modernizaron nuestra literatura, nuestra cultura, nuestra identidad y nuestro orgullo. También se implicaron en los debates sociales que brotan en la Galicia que caminó entre el siglo pasado, que ya parece muy lejos, y el siglo presente y todo lo que está por venir. Con convencimiento, con libertad y con firmeza.

No creo que exista para Luísa Villalta y para todos los que fueron homenajeados y los que serán en los siguientes años,  mejor alabanza que decir que tenía la capacidad de “crear un mundo en cada palabra”.

Con el idioma que nos une somos capaces de crear un vínculo en cada palabra. Uno vínculo con los demás gallegos que comparten, cada uno a su manera, su propio camino, que tiene muchas cosas en común.

Los idiomas nacieron para comunicar, transmitir, unir y compartir. Por lo tanto, sigamos con el gallego comunicando, transmitiendo y compartiendo. Creo que por todo ello, somos un pueblo muy afortunado, y hoy está muy bien, aquí en la ciudad de A Coruña, recordarlo.

Muchísimas gracias.

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