Sin olvidar

Publicado por o día 16/06/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Sin olvidar

En ocasiones un concepto, por pura repetición se prostituye.

Debemos recordar que “el cambio” no pasa por una suerte de repuesto en las instituciones: por noble que sea el elegido, el sistema se encargará de arrinconarle hasta el agotamiento. Por ello, esta batalla con reglas ajenas debe ser cimentada con un objetivo superior.

El músculo de los que pugnan por ese cambio ha de tener una consistencia real: los valores deben ser forjados a fuego para que una sombra de poder no corrompa. Sin empezar la casa por el tejado, el trabajo por una sana conciencia colectiva es dinosáurico: dinamitar la fractura social, el individualismo, la envidia, el ego, y sobre todo, la culpa. La culpa que desde hace lustros se tatúa a cualquier disidente que desee tiempos mejores. La culpa por no conformarse, la culpa por renunciar en el camino a lugares comunes que se suponen objetivos vitales inamovibles, la culpa por no asumir que los errores de otros nos atrapen durante generaciones, y por no aceptar el mal menor.

La única salida es la unión, pero no la unión numérica: se necesita aglutinar un enjambre valiente, humilde, constante, solidario, fuerte, obstinado, tenaz, que entienda que ese cambio pasa por perder lo que tenemos: que renuncie a los privilegios y hasta a lo básico, porque no se va a fraguar sin batalla: no va a ser suave, intelectual, ni cómodo. La palabra revolución se banaliza.

Decía Mao sobre el levantamiento campesino en Junán: “Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra”.

Volviendo, en un contexto presente, a las urnas: adelante, sin olvidar que las personas se rompen, mucho más bajo un cruel zarandeo. No necesitamos diez líderes elocuentes; necesitamos un ejército irrompible.

OPINIÓN POR CARLA LEIRAS