Toma el dinero y corre

Publicado por o día 11/03/2016 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Toma el dinero y corre

Entre los muchos hitos del asco y la caspa nacional, hay pocos más vergonzantes que aquel «que se jodan» que regurgitó Andrea Fabra en el Congreso de los Diputados mientras el afásico Mariano Rajoy anunciaba uno de los mayores crímenes contra el Estado y sus ciudadanos que se recuerden desde que aquel pintoresco ferrolano de voz de pito y legendaria mala baba nos hiciese a todos un favor y cambiase la política por la jardinería al irse a criar malvas.

Poco tiempo después, la hija de ese nuevo producto de la dieta mediterránea, el chorizo de Castellón, afirmó que ella se refería a los diputados socialistas y no a los parados. Aunque sabemos que el dominio del castellano no es una de las virtudes de los integrantes del Partido Popular, cualquier alumno de ESO podría desmontar con facilidad la excusa de Andreíta pasando su frase por un análisis sintáctico y concluir que el sujeto de esa frase es un «ellos» y no un «vosotros». Su partido, en cambio, optó por darle el premio Emilio Castelar «a la mejor intervención parlamentaria» y echarse unas risas con la historia; al fin y al cabo, ¿qué hay mejor que la miseria de cinco millones de españoles para hacer alta comedia?

Ayer nos enteramos que un total de 64 ex parlamentarios han pedido al Congreso la indemnización por cese en sus funciones, que asciende a la módica suma de 2813 euros mensuales, durante un periodo de tiempo determinado por el que han permanecido en el ejercicio de su cargo. De los 64, 41 pertenecen al Partido Popular (según informa eldiario.es) y entre ellos, aunque no está la infame Andrea Fabra, podemos encontrar a la estomagante Ana Mato, la de los recortes en sanidad y dependencia, que tuvo que dimitir al ser salpicada por la trama Gürtel y alegó, en su defensa, que no le sorprendió ver aparecer un Jaguar en su garaje y no hizo preguntas.

Cualquier trabajador tiene derecho a una prestación por desempleo, da igual que sea minero, músico o político. Lo que no está bien, en cambio, es reírse en la cara de la gente. Que la señora Mato, nefasta ministra, vaya a recibir cada mes el equivalente a cinco veces la prestación por desempleo de un trabajador cualquiera es un insulto a todas esas currelas y parados a los que la gestión del Partido Popular durante los últimos cuatro años ha dejado en la pobreza o cercanos a ella. No ya porque Mato y compañía formen parte de una banda armada con bolígrafos para firmar sentencias de muerte en forma de expulsión del sistema sanitario a inmigrantes sin papeles, paradas de larga duración o enfermas de Hepatitis C, sino porque Mato ejemplifica a la perfección lo que han sido estos cuatro años pasados, la desfachatez, el cinismo, la indolencia, el argumento grueso y demagógico, la mentira y la ausencia de empatía con aquellos a los que has jurado servir. Hablamos de la señora que les dijo a nuestros jubilados, esos que cobran unas pensiones ridículas, que deberían repagar sus medicamentos y usó como sostén de tamaña atrocidad un argumento del tipo «un máximo de 10 euros». Claro, porque diez euros no son una cantidad importante de dinero, salvo para aquellos que cobran exiguas pensiones que suben 1,50 € y, si no era suficiente afrenta, deben escuchar al palurdo de Mariano alardear de que «hemos subido las pensiones». Porque diez euros son calderilla cuando tu subsidio de desempleo alcanza casi los tres mil euros, pero son un dineral cuando malamente tienes donde caerte muerto y debes pagar una mierda de piso de cerca de 300 euros al mes más su luz y su agua e intentar comer y vivir con los 126 euros restantes.

Pero claro, ni Andreíta Fabra ni Anita Mato saben lo que es intentar vivir con un sueldo mísero o un subsidio ridículo, porque ellas han nacido en otra cuna, una de esas que se construyen con madera de sequoia y cobijan bebés con pañales de Prada y peleles de Louis Vuitton. Ellas forman parte de esa élite ladrona y desvergonzada que promulga leyes asesinas para perpetuar sus privilegios y los de otros «compi-yoguis», mientras nos repiten sin el menor atisbo de pudor que tienen que hacerlo porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Pobres niñas ricas e injustos rojos cabrones los que las criticamos. Ellas no pueden apretarse el cinturón o mudarse a casa de sus padres porque sus seguros de desempleo no les den para vivir. Eso queda reservado para usted y para mí que, como máximo, cobraríamos 1400 € si nos despidieran mañana y que, lo más probable, es que estemos en torno a los 600, si es que cobramos algo.

Por aquello de concluir con una propuesta y no limitarme sólo a la crítica indignada, se me ocurre que la justicia debería procesar a Mato y mandarla una temporadita a chirona. Allí podría ganarse el pan con el sudor de su frente, a la vez que se prepara para reinsertarse en la sociedad y aprende a reprobar el compadreo. Y saldría con paro, claro.

Nunca dejaré de preguntarme por qué molesta tanto que los delincuentes comunes salgan de la cárcel con derecho a 426 míseros euros de paro y no nos quita el sueño que este tipo de gentuza siga chupándonos la sangre.

En un país digno, estaríamos caminando hacia La Moraleja con guadañas y antorchas. En el nuestro, al pensar en esos 2800 euros mensuales que cobrará Mato, posiblemente estemos pensando… ¡quien los pillara!

Y así nos va.

OPINIÓN POR ÓSCAR GONZÁLEZ