Trabajo basura

Opinión por Oscar González
Por o 29/08/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Oscar González
Trabajo basura

Opinión por Oscar González

Decía la princesa Irulan al principio de la mítica Dune que “un principio es un momento muy delicado”. La semana pasada conocíamos la noticia de que la llamada “tarifa plana” para autónomos ha sido un rotundo fracaso: de los más de un millón trescientos mil nuevos autónomos registrados desde 2013, el noventa por cien ha terminado por darse de baja, arrojando un saldo final de algo más de cien mil nuevos trabajadores por cuenta propia en cuatro años. La Virgen del Rocío, desde el máximo respeto y temor cristianos, ha demostrado ser casi tan incompetente como la propia Fátima Báñez en lo que a creación de empleo se refiere.

El inicio de una actividad por cuenta propia conlleva inevitablemente una cantidad notable de gastos, tanto fijos como variables. De ellos, la cuota de autónomos es uno de los mayores, pues supone cargar al trabajador con la obligación de abonar mensualmente alrededor de 265 euros, gane dinero o no. La importante carga que supone la cuota es un elemento de disuasión para muchas personas que contemplan iniciar una actividad propia, hasta el extremo de suponer una auténtica barrera de entrada para aquellas que van más justas de recursos económicos.

Teniendo esto en cuenta, cabe pensar que una medida que reduce de forma notable esa barrera debería ser un auténtico éxito; sin embargo, no ha sido así. ¿Qué ha fallado entonces?.

Para empezar, la tarifa plana se ha concebido como puro marketing político. Es evidente que representa una mejora sobre los más de 265 euros de cotización por la base mínima, pero se queda muy corta en el tiempo. Cualquiera que sea o haya sido autónomo sabe que seis meses pasan a una velocidad de vértigo, especialmente cuando el trabajador se está dando a conocer y captando sus primeros clientes. La práctica totalidad de los trabajadores por cuenta propia en España coinciden en que la cuota correspondiente al RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) debería ir vinculada a los ingresos del cotizante, tal como ocurre en muchos países de nuestro entorno. La respuesta desde el Legislativo ha sido ignorarlos. Al fin y al cabo, ¿qué sabrán los autónomos sobre ser autónomos?.

Lo que ha conseguido el Gobierno es favorecer un crecimiento del número de trabajadores por cuenta ajena que deciden probar suerte tras una temporada más o menos larga en la lista del paro, una decisión que suele beber de la necesidad más que de la iniciativa. Y como es mala consejera, suelen faltar elementos básicos para la toma de decisiones: el análisis del mercado, la detección de oportunidades y amenazas, los estudios de viabilidad y costes o la falta de formación en ventas y la casi generalizada imposibilidad de contratar profesionales cualificados ante las estrecheces económicas.

Por si no fuera suficiente, buena parte de esos nuevos autónomos emprenden actividades de bajo valor añadido, en muchos casos vinculadas al ladrillo. Por ello, sus posibilidades de salir adelante se ven especialmente mermadas y muchos de ellos vuelven a la cola del SEPE a los pocos meses, con mucho menos dinero y mucha más frustración.

Esto, al Gobierno, tanto le da. Lo importante es la bajada en las listas del paro, porque de ese modo se puede vender recuperación y buen gobierno, una combinación ganadora que suele reportar muchos votos. Da igual que muchos nuevos autónomos echen el cierre en cuanto se acaban las bonificaciones. El objetivo final nunca ha sido crear empleo.

La situación se agrava si se analiza el escenario económico del país. La profunda crisis de modelo, con el consumo interno más deprimido que un oso polar en medio del desierto y una confianza del consumidor tan baja que se ha apuntado a clases de espeleología, no parece el momento más propicio para que estos nuevos autónomos puedan sobrevivir, ya que salen a vender a un mercado que no quiere comprar. El drama está servido.

La solución, dicen los que mandan, pasa por los “mercados exteriores”. La internacionalización se dibuja como el maná que alimentará al autónomo que no consigue cerrar negocio en España, pero la realidad es otra bien distinta: en los mercados internacionales suele cumplirse aquello de que el pez grande se come al pequeño, y si los costes de vender en España pueden ser difíciles de asumir, los de exportar son prácticamente inasumibles.

Una normativa de autónomos que verdaderamente tuviera posibilidades de ser eficaz debería restructurar el sistema de cotización de los trabajadores por cuenta propia, vinculando la cotización a los beneficios, como mínimo, durante un periodo de dos años e, idealmente, a lo largo de toda la vida del trabajador. La Administración debería apostar por la formación remunerada como camino para reciclar a aquellos trabajadores que se hayan quedado descolgados del mercado laboral por falta de cualificación y, del mismo modo, garantizar que aquellos que apuesten por el salto al autoempleo tengan el apoyo técnico y formativo necesario. Sería necesario que cuando un autónomo visita la Seguridad Social para dar de alta a un trabajador, los técnicos hiciesen su trabajo y ayudasen con dicha gestión, al igual que lo sería reducir la exasperante burocracia, más aún de lo que se ha simplificado en los últimos años.

Porque tirar recursos públicos a la basura y frustrar a una parte de nuestra población activa ─otro coste del autónomo que habitualmente pasa desapercibido: el psicológico ante el fracaso─ para maquillar cifras de desempleo es una burla intolerable, más cuando hay propuestas sobre la mesa para hacer el sistema más justo sin someterlo a enormes tensiones. ¿Por qué, entonces, no se hace? Esa pregunta, mejor respóndanla ustedes mismos. Mi respuesta, me temo, estaría demasiado sesgada.

Nacido en Vigo hace 36 años. Marxista, melómano y cinéfilo empedernido. Diplomado en lengua inglesa. Trabajo como agente inmobiliario mientras no consigo ganarme la vida como escritor . Activista social y ex miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Vigo

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