¿Traicionaría Pedro Sánchez a la ciudadanía viguesa?

Publicado por o día 16/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

¿Traicionaría Pedro Sánchez a la ciudadanía viguesa?

Han pasado ya más de 10 días de la histórica manifestación en defensa de la sanidad pública, en la que la ciudadanía viguesa y de los municipios adyacentes envió un durísimo “no” al modelo de gestión sanitaria del hospital Álvaro Cunqueiro. Tiempo suficiente para ampliar el objeto de la reflexión, pasada la exaltación y la alegría de ver a una ciudad entera defendiendo el derecho a la salud y oponiéndose a que enfermar sea algo con lo que hacer negocio.

Las conclusiones que se pueden sacar tras 10 días son menos alegres que las emociones que se vivieron en dicha manifestación. El Partido Popular ha demostrado una vez más que es completamente sordo cuando se trata de escuchar a la gente. Una sordera peculiar la del PP, que no oye los gritos de cientos de miles de personas pero escucha con suma atención los susurros cuando vienen de empresarios amigos. Ni parece que Mosquera vaya a dimitir, ni Feijóo va a cesarla. Rajoy ha aceptado que el PP no va a volver a ganar en Catalunya en como mínimo 3 legislaturas, y Feijóo ha hecho lo propio con Vigo. De él, no esperábamos menos.

Por lo tanto, la única opción que tenemos los vigueses de recuperar una sanidad pública y gratuita, es eligiendo gobiernos de cambio que defiendan los servicios públicos como pilares fundamentales, tanto en el nivel autonómico como en el estatal.

Y es aquí dónde entra Pedro Sánchez, el candidato del PSOE en las próximas elecciones generales, al tiempo que Secretario General del partido. Un Pedro Sánchez que, tras verse obligado a pactar con Podemos investiduras autonómicas tras las elecciones del 24M, ha tenido como objetivo este verano reconciliarse con los grandes capos (sí, capos) del IBEX-35, quienes sintieron esos pactos como puñaladas en la espalda.

Sánchez, que otra cosa no, pero cintura tiene bastante, ha encargado tamaña misión a uno de sus hombres más fuertes, el ex-ministro Jordi Sevilla, quien ha insistido a los grandes oligarcas de que el PSOE prefiere un pacto con Ciudadanos, como el que realizó en Andalucía, pero que allí donde fue imposible gobernar con el partido de Albert Rivera, se vio obligado a hacerlo con Podemos para no regalar la Presidencia al PP, lo que le hubiese supuesto una debacle electoral en las generales.

La elección de Sevilla como coordinador del programa económico y “embajador ante el IBEX” es toda una declaración de intenciones. Jordi Sevilla no es sólo ex-ministro de Zapatero. También es ex-alto cargo de Price Waterhouse Coopers, una de las Big Four, las cuatro consultoras más grandes del mundo, y que se dedican a negocios tan honrados como asesorar a gobiernos en privatizaciones masivas, analizar para las multinacionales las mejores formas de llevarse su dinero a paraísos fiscales o arbitrar las preferentes de Bankia y Novagalicia Banco.

Justamente, fue Price Waterhouse Coopers la consultora a la que el PPdeG encargó la elaboración de un informe para decidir a qué empresas otorgar la concesión del Álvaro Cunqueiro, con el maravilloso resultado que hemos visto. Supongo que PwC tuvo el mismo tino realizando el informe que guardando copias del mismo: la concesión se entregó a empresas calificadas como tóxicas por el propio Feijóo, a cajas a las que el Banco de España ponía como ejemplo de todo lo que no hay que hacer, y el informe está desaparecido. O al menos, jamás se ha hecho público a pesar de la insistencia de la oposición parlamentaria gallega.

Desde luego, que Pedro Sánchez haya elegido a Jordi Sevilla como su hombre fuerte en economía y le haya encargado la labor de asegurar al IBEX que priorizará el pacto con Ciudadanos, no debe tener demasiado contentos a sus votantes vigueses, que han demostrado defender un modelo de servicios públicos completamente distinto al que defiende Ciudadanos.

Y ante esta situación, ¿a quién deben votar los socialistas vigueses si quieren que el modelo de servicios públicos que defienden sea el que impere?

En principio, parece que se enfrentarían a una disyuntiva entre votar por su partido, o por la candidatura que salga de las conversaciones entre las diferentes mareas y partidos, entre el que destaca Podemos por visibilidad.

¿Se pueden fiar los votantes socialistas de Podemos? Pues las autonómicas dicen que sí. Antes de dejar gobernar al PP, Podemos ha puesto unas condiciones mínimas a cumplir. El PSOE las ha cumplido y se ha facilitado la gobernabilidad, sin entrar a ocupar sillones en unos gobiernos que Podemos ha considerado “de mal menor”. Quizás los votantes socialistas no puedan esperar que Pablo Iglesias vote con una sonrisa a Pedro Sánchez, pero sí pueden estar seguros de que defenderá los servicios públicos y no llevará a cabo ninguna acción que les perjudique.

Pero, ¿pueden decir lo mismo de Pedro Sánchez? ¿Acaso cambia algo pasar de un Gobierno del psicópata social de Rajoy, a uno en el que el PSOE deba apoyarse en una versión económicamente aún más radical de él? Sí, quizás Pedro Sánchez y Albert Rivera diesen un plano mucho más atractivo en pantalla, e incluso se esforzarían en poner cara de pena a la hora de anunciar recortes.

Pero no considero que ese sea el cambio que buscan los votantes socialistas que conozco.

Por ello, y aunque parezca surrealista, si los votantes socialistas quieren salvar a su partido, lo más inteligente es cambiar su voto hacia Podemos. Con ello, en la perspectiva actual, estarían inclinando la balanza hacia un escenario donde las dos fuerzas se encontrasen en un equilibrio de debilidades, necesitándose mutuamente, no para gobernar juntas, que no pasará, sino para lograr que la más votada de ambas (previsiblemente el PSOE, no nos engañemos) gobierne en solitario apoyándose en la otra para las cuestiones más importantes, mientras el otro partido ejerce una oposición responsable, lejos del estilo “Sálvame” de las oposiciones de PP y de Ciutadáns (en catalán ya que es el único lugar donde se les ha visto el tiempo suficiente en un Parlamento).

Si, por el contrario, se da un escenario donde un pacto PSOE-Ciudadanos, más alguna fuerza regional de centro-derecha, alcanzase el número de escaños suficientes para gobernar, nos encontraríamos a un Presidente débil apoyado en fuerzas contrarias a un cambio que también desean los votantes socialistas. En estas elecciones, se enfrentarán a una dura paradoja: salvar a su partido de sí mismo.

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ