Trileros

Publicado por o día 04/02/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Trileros

Ver a Pedro Sánchez y Mariano Rajoy sentarse para firmar un acuerdo contra el terrorismo yihadista provoca una mezcla extraña de perplejidad y cabreo. Perplejidad porque uno no puede evitar preguntarse si no existen asuntos más relevantes para la vida de los y las ciudadanas de este país en los que sí habría sido interesante uno de esos llamados “Pactos de Estado” –pensiones, sanidad o educación, por nombrar tres–. Cabreo porque tras ese pacto se esconde una nueva demostración de miopía política, de entender el poder del Estado como el Leviathan de Hobbes, que amenaza de muerte –o de prisión permanente revisable– al ciudadano para lograr su gobernabilidad.

Me atrevo a afirmar que en este país no vivimos bajo el terror de saltar por los aires en un atentado perpetrado por un pirado que ha malinterpretado un libro. Me apoyo para ello en el barómetro de Noviembre de 2014 elaborado por el CIS –estudio 3045–, en el que sólo un 0.1% de los encuestados consideraban el terrorismo un problema en España. Posiblemente esta cifra haya subido tras el asalto a la revista Charlie Hebdó, pero ello no justificaría una medida tan solemne. Además, legislar basándose en los titulares del día es una costumbre muy peligrosa a nivel jurídico, aunque arroja pingües beneficios electorales.

Resulta difícil no preguntarse el porqué de esta vuelta constante al terrorismo como elemento aglutinador. Desde el cese de la actividad armada de ETA no ha existido una verdadera amenaza terrorista en España. El terrorismo yihadista nos costó 192 conciudadanos en marzo de 2004 pero, por terrible que ese recuerdo resulte, han transcurrido once años de relativa tranquilidad desde entonces. Y sí, claro, siempre existirá la posibilidad de que un grupo organizado o un “tirador solitario” monte una matanza. ¿Alguien en su sano juicio cree que la “prisión permanente revisable” –cadena perpetua en román paladino– va a hacer que un individuo dispuesto a inmolarse por una causa se replantee su decisión?

Lo que han hecho Pedro Sánchez y Mariano Rajoy es intentar un negocio a la desesperada:

para el Partido Popular, la cadena perpetua es una medida de su anteproyecto de nuevo Código Penal. Para el PSOE, ha sido la ocasión de mostrar a Sánchez como un Hombre de Estado –lo que quiera que eso signifique–, dispuesto a anteponer la seguridad de su patria a sus propias ideas, capaz de comulgar con ruedas de molino, dejando claro en todo momento que cambiará ese matiz que le disgusta, lo de la cadena perpetua, que no es nada progre. Para ambos partidos, una forma de anunciar que pueden llegar a entenderse si aparece un nuevo enemigo (quizá con coleta y camisa de Alcampo) que amenace la estabilidad bipartidista y el status quo. Que amenace, en definitiva, a los que sujetan la correa de ambos mayordomos.

Y mientras, los ciudadanos y ciudadanas seguimos cobrando sueldos ridículos, seguimos exiliándonos del país, aplazando ad infinitum nuestros proyectos vitales, siendo desahuciados de nuestras casas, con la sanidad recortada, con la educación por las nubes, un nuevo plan educativo creado a salto de mata cada ocho o diez años y más muertos por suicidio o violencia machista en los últimos tres años que por atentados yihadistas en la última década.

Pero nada de eso requiere un pacto de estado. ¿Para qué? Al fin y al cabo, nada de eso “est Charlie”.

OPINIÓN POR OSCAR GONZÁLEZ