Un homenaje a la gente del mar

Publicado por o día 29/03/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Un homenaje a la gente del mar

Convenientemente iluminado a fuego con un panel que recuerda más a algún neón de un lupanar de las Vegas.

Sin reparar en gastos: al fin y al cabo paga una ciudad rica, sin paro, sin gente durmiendo en la calle, sin cortes de luz y desayunos de furgoneta.

La noche del traslado del Alfageme, un hombre ya jubilado lloraba nervioso observando al ejército de agentes acercarse, porque la escena le recordaba a épocas que creía superadas y vencidas.

Otro viejo marinero contaba cómo este barco le recordaba los viajes tormentosos de antiguos familiares que nunca volvieron del mar. Para él, ahora mismo había una enorme tumba azul adornando una rotonda. Una cripta con luces.

No es el maldito barco. Es el profundo desdén a la sensibilidad de un barrio que no puede llenar la nevera.

Es la hipocresía de adornar la casa mientras se pudren los cimientos.

No es el maldito estadio. Son los intereses que sabemos que se están protegiendo, en nuestra cara, pisoteando los que a nosotros sí nos importan, los que las leyes están diciendo que tienen que proteger, y se nos pide además silencio y aplauso.

No es el maldito ascensor. Es la espeluznante falta de respeto a una ciudad que se muere sin trabajo, sin industria, sin comercio local, mientras se colocan bancos de diseño para que quienes nos visitan no se queden con la imagen de lo que sucede en realidad en nuestra hermosa aldea medieval.

No son las malditas losetas. Es la impotencia de los niños sin desayuno mientras se pide paciencia y meses de espera para una ayuda de subsistencia, porque “no hay manera de agilizarlo.”

Esto sí se ha agilizado, contra viento y marea. Con neones, fanfarria, demandas, penas de cárcel y cabestrillos. Con un Plan que dice que por ahí pasará un túnel. Con una soberbia jactanciosa que autentifica de manera fiel el talante de quien se define socialista y ciudadano. Sonriendo y saludando mientras pisotea el concepto de representatividad.

Diciéndole a la gente que le llame, que le puede colocar un banco de madera en diez minutos. Pero si lo que necesita es comer, espere diez meses.

La respuesta al disidente es el intento de enfrentarnos a todos y confundir a la gente sobre quién es el enemigo.

Maniobras de propaganda que algunos conocemos bien.

Ya se sabe que durante las épocas de crisis, planea la sombra del fascismo.

La corporación municipal ha acusado a los opositores de intereses partidistas. Aquí tiene a una vecina del barrio de Coia, sin partido, sin sindicato, a la que esta obra insulta cada día.

Devolvednos nuestra maldita ciudad.

OPINIÓN POR CARLA LEIRAS

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