Una ciudad llamada Perdición

Por o 21/12/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Oscar González
Una ciudad llamada Perdición

A finales del pasado mes de noviembre, la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales de España hacía público un informe que debería provocar sonrojo a la señora Isaura Abelairas en primera instancia y al que le sujeta la correa en segunda.

Según dicho informe, en el pasado año 2016 el consistorio invirtió el equivalente a 42,43 € por habitante en Bienestar Social, lo que sitúa a la Cidade Fermosa entre las sesenta peores de los más de 384 municipios españoles con una población superior a veinte mil almas y le otorga el calificativo de “precaria” en esta materia.

La historia de la concejalía de Bienestar Social en la etapa Caballero es la de una huida hacia adelante, una pasividad insultante a la hora de abordar las necesidades de una ciudanía golpeada por una crisis económica salvaje. En la memoria de los que se preocupan por sus congéneres más desfavorecidos todavía están los pobres (en sentido económico, no humano) que esperaban para recibir el cheque social formando una larga cola que serpenteaba por la lonja del concello y buena parte de la plaza en medio de una ciclogénesis de esas. Lejos de avergonzarse, el regidor hacía bandera de “la mejor política social de España”, un mantra con el que los vigueses estamos muy familiarizados y que la realidad sigue tozudamente empeñada en desmentir. Era el año 2014 y faltaban poco más de seis meses para que la ciudad revalidase al señor de Ponteareas en su mandato y le diese la mayoría absoluta más amplia de su historia (gracias en parte al miedo escénico que nos entró al, por entonces, Consejo Ciudadano de Podemos Vigo, pero también al vergonzoso oportunismo de cosas como Vigo en Común, Movimiento Red, Gañemos y así hasta otras 14 candidaturas).

Desde entonces, los frentes de batalla que hemos reivindicado desde los distintos colectivos sociales de la ciudad han sido de lo más variopinto. Hemos salido a la calle a pedir la ampliación de la plantilla de trabajadoras sociales, a demandar la recuperación del programa de atención a drogodependientes “Sereos” ─cuyo local fue clausurado para montar una joyería, porque eso de la gentrificación es una falacia de los rojos y los perroflautas, como todo el mundo sabe─, a exigir mejoras en los servicios del mal llamado albergue municipal, a reclamar mayor diligencia en la tramitación de las solicitudes de la RISGA ─con retrasos de hasta 9 meses─, a reivindicar la necesidad de un parque de vivienda pública para dar techo a las familias más desfavorecidas o  una solución al fenómeno del sinhogarismo, por citar solo algunas.

Todas ellas recibieron la misma contestación por parte de Caballero: “la mejor política social de España”. Los datos del Servicio Común de Notificaciones y Embargos, según los cuales el pasado año fueron iniciados más de quinientos procedimientos de desahucio solo en la ciudad, se encontraron con la irresponsabilidad del “en Vigo la oficina antidesahucios es mi mesa porque los paro yo todos” (que ya les digo por experiencia que no). La muerte de Gringo, mítico sintecho, fue contestada con un indignante “el que duerme en la calle es porque quiere, pues tenemos un (repito, mal llamado) albergue” y algunos activistas tuvieron incluso que soportar vejaciones, como cuando le dio por llamar gordo al compañero Miguel Cabaco. Lo mismito que Alfonso Rojo a Colau, ¿se acuerdan de lo mucho que nos ofendió aquello? Pues esto fue igual, pero sin indignación ciudadana.

Una de las excusas más esgrimidas desde el bastión caballerista es que los ayuntamientos no tienen competencias en materia de servicios sociales y que la administración competente es la Xunta de Galicia. Sin embargo, la ley 7/1985, Reguladora de Bases de Régimen Local, en el apartado k de su artículo 25.2 establece “la prestación de los servicios sociales y de promoción y reinserción social” entre las materias competenciales de los ayuntamientos. Las conclusiones se las dejo a ustedes.

Termino: ya en el mes de junio nos enteramos de que el barrio de O Calvario estaba entre los cincuenta más pobres de toda España. Según Caballero ─catedrático de teoría económica─, respondía a “las pensiones bajas de los vecinos, ya que es un barrio donde la media de edad es muy elevada y hay muchos pensionistas”. Ahora sabemos que nuestro gasto en servicios sociales es de los más bajos de todo el Estado, lo que esencialmente significa que nuestro alcalde, el defensor de Vigo, lleva un mínimo de cuatro años mintiéndonos a todos a la cara, sin vergüenza y sin despeinarse.

Pero no pasa nada, porque tenemos unas luces de Navidad que rivalizan con las de Tokio. Aunque como ciudad, por cómo tratamos a los más desfavorecidos, estemos más cerca de aquella a la que cantaban Los Suaves, la que tenía luces en los barrios ricos y en cuyos pobres, no brilla ni el Sol.

Nacido en Vigo hace 36 años. Marxista, melómano y cinéfilo empedernido. Diplomado en lengua inglesa. Trabajo como agente inmobiliario mientras no consigo ganarme la vida como escritor . Activista social y ex miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Vigo

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