Viven y dejan morir

Publicado por o día 18/02/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Viven y dejan morir

La semana pasada informaba la prensa que miembros de la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C habían sido expulsados del Parlamento Gallego tras vetar el Partido Popular la iniciativa presentada por Alternativa Galega de Esquerda (AGE) para que se garantizase el acceso a los nuevos tratamientos contra dicha enfermedad, en concreto al Sovaldi.

Aparentemente, a los de la Plataforma no les sentó bien que para el ejecutivo autonómico primase más la cartera que sus vidas y estallaron en un mar de insultos e improperios. Quizá algún progre trasnochado les haya hecho creer que para sus representantes políticos deberían ser más que meros números en una lista o estadísticas de intención de voto; quizá no estén dispuestos a comprar eso de que han enfermado por encima de sus posibilidades, o les parezca demencial tener que esperar a que su hígado entre en fase cirrótica para poder recibir el tratamiento que mejores posibilidades de curación presenta. Todas estas ideas demuestran el grado de desconexión de la realidad que aqueja a estos activistas que no se resignan a morir –o ver morir– bajo la sentencia de los números.

Porque, en el fondo, todo esto va de números: por un lado, los del precio del Sovaldi, que ascienden a unos 25.000 euros por ciclo de tratamiento (son necesarios dos), algo inasumible para una gran mayoría de la población española; si además tenemos en cuenta que el medicamento ha de tomarse combinado con otros, no parece descabellado asumir que dicho coste podría incluso duplicarse, reduciendo aún más el porcentaje de enfermos que podrían costeárselo. Por otra parte, si se revisan los precios a los que Sovaldi (llamado Sofosbuvir fuera de España) se comercializa en países como Egipto (1.000 € por ciclo), India (1.400 € por ciclo) o Estados Unidos (71.000 € por ciclo) el criterio de la empresa dueña de la patente es claro: a más renta per capita, más precio. Más te sangro, dicho llanamente, ya que según un estudio de la Universidad de Liverpool, el Sofosbuvir se podría producir a un precio de unos 85 € por ciclo de tratamiento.

Fabricado a ese precio y vendido al de Egipto, el laboratorio Gilead –dueño de la patente tras comprar el laboratorio Pharmasset (verdadero desarrollador del Sofosbuvir) por 11.000 millones de euros– podría tratar a todos los enfermos diagnosticados en el mundo (unos ciento cincuenta millones) y multiplicar por catorce lo invertido, un ratio de coste-beneficio nada desdeñable para ninguna empresa. Gilead, dicho sea de paso, es el mismo laboratorio que se hizo de oro en su momento gracias a aquella terrible pandemia que acabaría con la población mundial llamada Gripe A y que resultó ser más o menos igual de mala que la gripe estacional común.

Mientras países como Estados Unidos abren investigaciones en el Senado sobre sobre los desorbitados precios, otros como India se oponen al registro de la patente. En España, el Presidente del Gobierno se ha limitado a lanzar un nuevo brindis al Sol al afirmar que “ningún ciudadano español al que se le recete un medicamento se va a quedar sin él”, que es lo mismo que decir “el Sovaldi estará a la venta en España para aquél que pueda pagárselo”. El que no pueda no tendrá más remedio que esperar a que la enfermedad progrese hasta liquidar su hígado, sin importar que los estudios demuestren que el Sovaldi presenta un porcentaje de curación cercano al cien por cien si se administra en las primeras etapas de la infección. Una nueva demostración de que el Gobierno del Partido Popular prefiere mirar para otro lado antes que enfrentarse a las grandes empresas.

Una demostración más de que a este Gobierno, ustedes y yo le importamos bien poco.

ARTÍCULO OPINIÓN OSCAR GONZÁLEZ