Vivir es fácil con los ojos cerrados

Artículo de opinión por Oscar González
Publicado por o día 30/07/2016 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Vivir es fácil con los ojos cerrados

De mi contacto con algo parecido a la política me he llevado, además de una buena cantidad de horas de sueño perdidas, la sensación de que en ella el lenguaje más hablado es el de la faka y la navaja albaceteña, además de un cierto hartazgo con la forma en que los medios abordan ciertas cuestiones, magnificando lo menos grave y quitando hierro a las cosas verdaderamente importantes.

En el primero de esos grupos entraría, a mi juicio, el asunto del asistente personal de Pablo Echenique y la posible irregularidad en su situación laboral. No voy a entrar al fondo de la cuestión, que sería a quién corresponde asumir la cotización a la Seguridad Social, si al secretario de organización del partido morado -relación laboral- o al propio prestador de servicios -relación mercantil-, porque no dispongo de información suficiente y tampoco me corresponde a mí juzgarlo, sino a la Inspección de la SS -Seguridad Social, no se me despisten con las siglas-. En cualquier caso, estaríamos hablando de una irregularidad administrativa, susceptible de una sanción económica y la obligación de abonar las cuotas pendientes, en el peor de los casos. Es decir, el equivalente jurídico a una multa de tráfico.

Personalmente, no aspiro a que los políticos que trabajan desde las instituciones sean santos varones y mujeres, entre otras cosas porque los santos no son imitables, como bien dijo Anguita y, por cierto, tampoco reales, así que me conformo con que los políticos sean honestos y, por ejemplo, no sean sospechosos de delitos.No formo parte de ese grupo de personas que celebran que un político dimita en Alemania porque le han puesto una multa de tráfico, quizá porque creo que los políticos son un producto de la sociedad en la que viven y, con esa idea en mente, no me resulta extraño que alguien haga un pago y no pida factura, por reprobable que esto nos resulte.

Pedir a nuestros representantes que sean escrupulosos en este tipo de cuestiones, por noble que sea la aspiración, no deja de ser pedirles que vivan ajenos a una realidad cotidiana: la del amigo que nos arregla el ordenador por 30€, el colega que nos hace la renta por 20€ o la del pintor económico que nos deja el salón de un blanco más inmaculado que los discos duros del PP después de 35 formateos; la de la realidad precaria en que sobreviven miles de personas, especialmente autónomos, que tienen que aceptar trabajos sin contrato o que no pueden asumir el pago de los casi 300 euros mensuales que ha de abonar un empresario individual sí o sí.

Pero yo no quería hablarles del empleado de Echenique, sino de los discos duros de Bárcenas, esos por los que ha sido imputado el PP, ese partido que subió 14 escaños entre el veinte de diciembre y el veintiséis de junio y que va camino de completar su primer año en funciones, sin mucha prisa por conformar un gobierno.

Es curioso que esto no haya sido portada de todos los grandes medios, y más curioso aún que en diarios supuestamente respetables, como El País, no pasase de un discretísimo titular, sin cuerpo siquiera, en una portada en la que el hecho más destacado era el degollamiento en nombre del yihadismo de un sacerdote en Normandía.

¿No es un hecho del máximo interés informativo que el partido que aspira a gobernar España los próximos cuatro años esté procesado por un delito de emcubrimiento u obstrucción a la justicia? ¿Es más grave la infracción administrativa de Echenique que el delito del PP? Si la respuesta es no, entonces ¿por qué hablamos del contrato del asistente en lugar del martillo (in)justiciero del Partido Popular? La alienación social que vivimos es tan grande que recorremos la calle mirando la realidad a través de las pantallas de nuestros móviles con la esperanza de encontrar monstruitos virtuales, mientras la vida pasa a nuestro alrededor y se nos lleva por delante en cualquier cruce, que crucificamos y pedimos cabezas de los nuestros porque no están a la altura de las ilusiones de rectirud moral que hemos depositado en ellos, pero ya no nos atenaza la boca del estómago ver cómo una vez más el PP se ríe de nosotros y sale casi indemne, cuando no reforzado, políticamente hablando.

Sigamos entonces con la cabeza gacha buscando pikachus y Charmanders, pidiendo las cabezas de los nuestros por rompernos la ilusión de santidad y asistiendo con muda indiferencia a cómo el PP nos roba, además de la cartera, el poco respeto que nos queda por las instituciones. Andemos el "camino de una dirección" del que cantaba Yosi cuando aún podía hacerlo.

El próximo capítulo de la gran burla patria será el artículo 99 de la Constitución y su elasticidad temporal. Deformarlo todo hasta volverlo tan autoparódico que, por ridículo, parezca irrelevante. Parece que funciona.