La legionella, una bacteria tremendamente peligrosa

Por o 25/01/2018 | Sección: Salud
La legionella, una bacteria tremendamente peligrosa

La legionelosis o legionella es un tipo de enfermedad infecciosa causada por una bacteria en forma de bacilo que pertenece a la familia Legionellaceae, de la que se conocen aproximadamente 30 especies. En concreto, la llamada Legionella pneumophila es la bacteria responsable de más del 90% de las infecciones que se producen.

Se asocia a ambientes acuáticos, tales como ríos, lagos, arroyos, aguas termales… pero también pueden pasar a los sistemas de suministro de agua y a los sistemas de refrigeración de grandes edificaciones, como los hospitales o centros comerciales, penetrando en nuestro organismo por vía respiratoria y puede llegar a producir una neumonía severa.

Estas bacterias, como decimos, son también comunes en otros lugares artificiales creados por el ser humano siempre que se encuentre con las condiciones necesarias para reproducirse. Así se pueden encontrar en bañeras, piscinas, fuentes, rociadores de verduras, humidificadores e instalaciones de aire acondicionado de grandes edificios, como los mencionados con anterioridad.

En estos tipos de edificios es tremendamente importante que se realice un control de legionella periódico para poder evitar que los numerosos usuarios  de estas instalaciones contraigan la enfermedad. El control de legionella, como el de cualquier otra plaga potencialmente peligrosa para la salud humana, debe ser realizado por una empresa profesional que cuente con profesionales con experiencia en este sector, ya que estamos hablando de una bacteria que puede llegar a ser mortal.

Manifestaciones leves o agresivas

Aunque estamos tratando de una bacteria especialmente delicada que compromete la salud de las personas, no todos los individuos expuestos a ella tienen por qué desarrollar una neumonía peligrosa, sino que a veces solo aparece una manifestación clínica más leve conocida como Fiebre de Pontiac.

Esta forma no neumónica de legionelosis se presenta como una gripe común que se supera sin problema y de forma espontánea, si no se tienen problemas derivados de un sistema inmunitario debilitado. Su duración suele oscilar entre dos y cinco días para su completa recuperación y el periodo de incubación no supera las 48 horas.  Los síntomas principales que manifiestan los pacientes son fiebre, escalofríos, cefalea, malestar general y dolor muscular (mialgia), pero no se conocen casos de muerte relacionados con la Fiebre de Pontiac.

Sin embargo, la conocida como enfermedad del legionario, la forma neumónica, sí es muy grave porque puede llegar a causar la muerte al paciente si no recibe el tratamiento adecuado  y a tiempo o si se trata de un individuo que padece otras complicaciones clínicas. Tiene un periodo de incubación de 2 a 10 días, aunque  se han llegado a registrar en algunos brotes hasta incubaciones de 16 días. Los síntomas que se presentan en la etapa inicial son fiebre, cefaleas, pérdida de apetito, malestar general, tos y letargo. Algunos pacientes también sufren dolores musculares, diarrea y confusión o desorientación.

                Una enfermedad potencialmente mortal

En los estadios iniciales de esta infección la tos es leve, pero un 50% de los pacientes también presentan flemas que son expectoradas con sangre por un tercio de ellos (hemoptisis).

La gravedad de la enfermedad va desde una simple tos leve hasta una neumonía severa, que avanza rápidamente y con fatal desenlace. La muerte es causada por una neumonía progresiva, seguida de insuficiencia respiratoria o conmoción e insuficiencia multi orgánica.

Como en todas las enfermedades que se desarrollan tan rápidamente, la correcta detección temprana es vital para una recuperación completa. Si la enfermedad del legionario no se trata, generalmente se agrava en la primera semana.

Al igual que ocurre en los casos de neumonía grave, las complicaciones más habituales de la legionelosis son insuficiencia respiratoria, conmoción e insuficiencia renal aguda y multi orgánica. Su curación, que suele ser completa, siempre requiere de tratamiento con antibióticos, aunque puede llevar tiempo, incluso varias semanas o meses. En raras ocasiones, pueden quedar secuelas cerebrales.

El pronóstico de recuperación para esta enfermedad es muy desigual y depende, entre otros factores, del estado de salud previo del paciente y de su estilo de vida. Al ser una enfermedad respiratoria, suele ofrecer más complicaciones en pacientes que sufren alguna enfermedad crónica relacionada o que son fumadores.

La tasa de mortalidad por legionelosis depende de la gravedad de la enfermedad, el diagnóstico temprano y la idoneidad del tratamiento antimicrobiano en la etapa inicial, el entorno en el que se contrajo la infección y diversos factores relacionados con el paciente como los ya mencionados. En sujetos inmunodeprimidos no tratados, la tasa de mortalidad puede llegar a un 80%, aunque esta se puede ver drásticamente reducida hasta un 5% mediante un tratamiento apropiado. En términos generales, la tasa de mortalidad se sitúa entre el 5% y el 10%.

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